¿De dónde venimos? Una mirada sobre el teatro griego

Nos acercamos al teatro griego, conocidos como el origen del teatro occidental. Muchas de sus obras siguen siendo representadas y su visión es constitutiva del imaginario colectivo sobre el teatro. Está muy presente, aunque sin saberlo, en la idea del teatro que tiene el alumnado al llegar a la escuela. Vamos a conocerlo…

Un monumento a Tespis en cada teatro

El teatro occidental, bastante parecido a como lo conocemos hoy, nace en Grecia, entre los siglos VI y V a.C. Tespis es el poeta lírico al que, al parecer, le debemos todo: nacido en Icaria, al norte de Atenas, entre el 550 y 500 A.C, es considerado el padre del teatro y el primer actor. Resulta que este buen hombre organizaba representaciones ditirámbicas por los pueblos, con materiales creados por él mismo y con un coro que iba reclutando en cada lugar al que iba.

El ditirambo era una composición lírica breve en honor de Dioniso, el dios de la fertilidad y el vino (el mismo que los romanos adaptaron como Baco), quien tenía la facultad de liberar a los hombres de su estado normal para sumirlos en el éxtasis a través de la música y el alcohol.

Dioniso es la deidad que eleva al hombre natural hacia el olvido de sí, hacia la ruptura del principio de individuación, reconciliándolo con la naturaleza. 

Como se podrán imaginar, Dioniso era una deidad muy querida por el pueblo y se hacían festivales en su nombre llamadas Dionisíacas.

Las Dionisíacas Rurales se festejaban en el mes de Diciembre y las Dionisíacas Urbanas en el mes de Marzo. Como suele pasar en la relación de la ciudad y el campo, las Urbanas eran más importantes y se denominaban también Grandes Dionisíacas. 

Volverse institución

En el 534 a.C, Pisístrato, el tirano de turno, decide institucionalizar estos festejos en una competición literaria donde se debía conmemorar a esta deidad. Gana por goleada Tespis ya que hace algo que nadie había hecho nunca: interpretar un personaje.

Hasta ese momento, el estilo consagrado era la epopeya, es decir, el autor contaba el cuentito. Pero Tespis asume el personaje e interactúa con el líder del coro, el corifeo. Es decir, el corifeo, que originalmente era sólo la voz principal del coro, ahora también deviene personaje y entabla un diálogo con el protagonista. El coro es entonces, la representación del pueblo, que intervenía en pos del bien común.

En este simple movimiento, Tespis transformó el relato en imitación, dando origen así a la ilusión teatral.

 

Las Grandes Dionisíacas 

En estos grandes festejos, los ditirambos ocupaban los dos primeros días y luego se realizaban concursos de comedias y tragedias. En el ditirambo no había vestuario ni maquillaje, el coro era numeroso y cíclico (es decir, no se posicionaba frente al público como en la tragedia o la comedia). Con el transcurrir del tiempo, la música fue suplantando al texto, lo que lo haría semejante a las óperas actuales. 

Los dramas satíricos eran muy similares a las tragedias, por su estructura y por el tema mitológico, pero se diferencia en que el coro se componía de sátiros, lo que le daba su propio tono al género, transformándolo en una “tragedia jocosa”. Aquí, el coro es el actor principal, compuesto de personajes grotescos y sinvergüenzas disfrazados y enmascarados. A diferencia de la tragedia, los dramas satíricos se caracterizaban por tener un final feliz. Del género se conoce poco y nada porque han llegado muy pocas obras hasta nuestros días.

Las tragedias y las comedias tenían una estructura muy similar.

  • primero, un prólogo donde se introduce el conflicto;
  • luego los párodos: la entrada del coro;
  • después los episodios, que serían los actos del teatro contemporáneo,
  • separados por danzas y cantos (donde la mitad del coro cantaba las estrofas y la otra mitad las antistrofas);
  • y el último episodio, el éxodo, donde el coro salía.

Las comedias tenían sin embargo dos elementos originales: el agón y el parábasis. 

El agón era una escena obligatoria y supone una enfrentamiento en el que finalmente gana el personaje que representa las ideas del autor: gana el protAGONista frente al antAGONista. 

Con la victoria del protagonista llegaba la parábasis, un momento donde los actores se retiraban de la escena, el coro se quitaba sus capas y avanzaba hacia la platea. El corifeo se dirigía directamente a los espectadores, por si algo no había quedado claro. 

La diferencia de estas representaciones con nuestro teatro contemporáneo es que, a pesar de que había personajes y conflictos, no podemos hablar de acción, es decir, de modificaciones inmediatas de las situaciones. La acción se refleja en los relatos de los testigos, que en la tragedia suelen estar encarnados en los mensajeros. 

La función del coro en estas representaciones es la de recapitular los eventos y formular interrogantes que sostengan la tensión dramática. No es un dato menor que la audiencia estaba compuesta por el pueblo ateniense que era en su amplia mayoría iletrado y, además, estaba borracho.

“Oye sólo a medias el que oye sólo a una parte”. Esquilo

Las Grandes Dionisíacas eran una gran fiesta ateniense de cinco días de duración que se celebraba a comienzos de la primavera y que normalmente incluía tres concursos: ditirambo, tragedias y comedias. El concurso, es decir, la competencia, se daba entre tres autores que habían sido pre-seleccionados. Cada uno debía presentar una tetralogía, compuesta de tres tragedias y una comedia o drama satírico. Cada tetralogía se presentaba en un día. El ganador era seleccionado por el veredicto de 10 jurados (compuesto por ciudadanos atenienses designados por sorteo) que tomaban en consideración la opinión del público. El gobernador obligaba a un ciudadano rico de la ciudad a financiar la producción de cada uno de los autores.

En estas festividades han estrenado la mayor parte de sus obras Esquilo, Sófocles, Eurípides y Aristófanes.   

El Estado ateniense era el promotor de esta festividad y se encargaba de que todo el pueblo pudiera asistir, incluyendo a mujeres y esclavos. 

El Teatro de Dionisio

La orquestra del teatro griego era un círculo o un semicírculo de unos veinte metros de diámetro donde se ubicaba el coro y el thymile, un altar donde se sacrificaba un cordero en honor a Dioniso, lo que daba comienzo a la festividad. Las gradas, adosadas en la ladera de una montaña formaban un semicírculo. Frente a las gradas estaba la skéne, que servía de bastidores y de apoyo de la escenografía. Delante de la skéne, el proskenion, estrecho aunque elevado en el que se desarrollaba la acción.

La capacidad de este teatro era de catorce mil lugares y estaba dividido en Senadores, efebos, extranjeros, mujeres, esclavos. A esto hay que añadir que durante todo el convite circulaban bebidas y alimentos.

Hay que imaginar la singularidad de un acontecimiento que se desarrollaba todo el día al aire libre. El público, vestido con sus mejores atuendos, con coronas como en toda fiesta religiosa, mirando un espectáculo iluminado por el brillo del sol. 

En la escena, salvo en el ditirambo, todos los ejecutantes, coro y actores, llevaban máscaras con frentes desmesuradamente prolongadas, a veces incluso con pelucas o barbas postizas. La evolución de las máscaras fue desde una neutralidad hacia una expresión exagerada, que derivó en las clásicas máscaras que simbolizan el teatro en todo el mundo. 

Los vestuarios eran túnicas neutras con algunos detalles que indicaban el estatuto del personaje representado (manto de los reyes, largas túnicas de los adivinos, los harapos de la miseria).

Los intérpretes sumaron coturnos: una plataforma alta que les otorgaban una sobreelevación, un aumento corporal. 

La escenografía inicialmente era una simple construcción en madera que simulaba un altar, una roca o una tumba. Pero Esquilo en sus últimas obras y Sófocles después introdujeron una lona móvil tendida a los largo de la skené que al poco tiempo fue realizado por los primeros escenógrafos. Hacia finales del siglo V A.C, se le añadió a este decorado central dos prismas giratorios que permitían añadir otros espacios a representar.

Con el paso del tiempo, las maquinarias se fueron complejizando: trampas, escaleras subterráneas, ascensores, practicables móviles, otorgaban un mayor dinamismo a los espectáculos.

 

Los grandes trágicos

Lo poco que conocemos de la tragedia griega, lo hacemos por las obras que han sobrevivido de Esquilo, Sófocles y Eurípides. En estos tres autores se ve claramente el proceso de secularización de la sociedad ateniense. Una mirada que es muy importante en el teatro griego.

Esquilo (525-456 a.C) además de ser el primer gran representante de la tragedia griega, luchó contra los persas en tres batallas. Esto se ve reflejado en sus obras, como “Los persas” o “Los siete contra Tebas”. En estos dos espectáculos y en “Las suplicantes” incluyó una novedad, la incorporación de un segundo personaje, lo que disminuía la intervención del coro. Sin embargo, los coros en Esquilo son de una gran importancia, ya que en algunas de sus tragedias eran los protagonistas de la trama. 

El tema fundamental en el teatro de Esquilo es el sufrimiento humano, mediante el cual el personaje principal llega al conocimiento. Es el sufrimiento que, por maldad o insensatez, conduce a la desgracia a los protagonistas. La hamartía, el error del héroe, trae desdicha y lo lleva a una peripecia (el cambio de fortuna o la modificación del orden natural del mundo) que vuelve a reestablecerse a partir del anagnórisis (el reconocimiento del héroe de su error y el establecimiento de la justicia). 

En el teatro de Esquilo, la relación de los hombres con los dioses es muy estrecha: Zeus y la Justicia son los motores morales e ideológicos de sus argumentos. Los mortales son prisioneros de los designios divinos.

Se calculó que Esquilo escribió 90 piezas de las cuales sólo siete llegaron a nuestras manos: Su primera victoria en los concursos fue en 484 a.C y sólo fue vencido por Sófocles.

Sófocles (496 a 406 a.C), el segundo concertante, participó de 30 concursos y ganó 18 de ellos. Introduce en sus obras la problemática del individuo. 

Sófocles añade también un tercer personaje en la escena, lo que dio mayor juego al diálogo, y dotaba de complejidad psicológica al héroe de la obra. 

Sófocles

Entre sus tragedias más conocidas podemos reconocer la trilogía: Edipo Rey, Antígona y Edipo en Colono. Obras emblemáticas del teatro griego.

Edipo ya es conocido por todas y le dio mucha letra a la psicología. Aristóteles, en su Poética, la consideraba como la tragedia más representativa del género ya que el protagonista era el claro ejemplo del héroe trágico. Edipo, antes de que comience la pieza, había cumplido con una profecía que indicaba que mataría a su padre (Layo, el rey de Tebas) y se casaría con su madre, Yocasta.

La obra comienza con Edipo ya siendo rey de Tebas y casado con Yocasta. Él, para salvar a la peste que castigaba a su ciudad, debe buscar al asesino del rey precedente. Cuando descubre la verdad de los hechos, Yocasta decide colgarse y él, horrorizado por el parricidio y el incesto se saca los ojos y parte al destierro, dejando a su cuñado Creonte a cargo de sus hijes.

Sophocles

Antígona es la heroína de la segunda parte de esta saga. Antes del inicio de la trama, sus hermanos, Etéocles y Polinices, que debían turnarse en el acceso al trono, se asesinan mutuamente en un enfrentamiento. Etéocles, el rey de Tebas que no quiso ceder al turno de su hermano, es enterrado con honores mientras que Polinices permanece insepulto.

Antígona, fiel a las leyes de los dioses, decide enterrar el cadáver de su hermano y es castigada por su tío, el Rey Creonte, a un entierro en vida.

Como podemos ver en estos dos ejemplos, la relación entre los hombre y los dioses aún es muy estrecha, pero los individuos comienzan a tomar mayor protagonismo, incluso contraponiendo las leyes civiles a las religiosas como vemos en el caso de Antígona.

Sófocles fue autor de 123 obras de las cuales sólo tenemos siete. 

Eurípides

Eurípides (480 a 406 a.C) es el más moderno de los tres. Sus tragedias se ubican en un tiempo muy anterior al de sus dos predecesores, tomando leyendas y acontecimientos de tiempos muy lejanos. En sus tragedias les protagonistas son más humanos, personas de carne y hueso con problemas internos, vinculares o psicológicos. La relación con los dioses es más accesoria lo que refleja su distancia con las creencias míticas. El coro reduce mucho su participación en las representaciones. 

Entre sus obras más conocidas podemos mencionar a Medea, la princesa hechicera que decide traicionar a su familia, robar un elemento sagrado (el vellocino de oro) y escapar con un argonauta, Jasón. Ya asentados en Corinto tienen dos hijos y forman una bella familia hasta que Jasón, en su búsqueda de poder decide abandonar a Medea y casarse con la princesa Creusa. Ante esto, Medea, llena de rabia y dolor, decide matar a sus hijos como acto de venganza contra su esposo. 

A modo de cierre.

El teatro griego tenía una función clave en la construcción de la polis. Allí se educaba, se festejaba, y se discutían los temas que afectaban a la sociedad. El estado asumía la responsabilidad de asegurar su accesibilidad a toda la población y suponía para los participantes de los concursos un espacio de gran legitimación.

Para el pueblo era un gran paréntesis en su vida cotidiana, que no conocía de festivos  ni fines de semana.

Es importante recordar este ejemplo iniciático de nuestro arte para darle valor a la importancia de la cultura en la construcción social, para volver a pensar de qué modos nos relacionamos con los consumos culturales, qué tipo de ciudadanía por permiten ser. 

Autora: Agustina Soler